-¡Oh no! Mi hacha ha caído al río, ¿cómo trabajaré ahora? Mi mujer no puede sacar adelante sola a toda la familia...
Pero para su asombro, de las aguas salió el hada del río, con cara azulada, un vestido verde y los ojos verdes más bonitos que se puedan imaginar.
-¿Qué ocurre leñador, de qué te lamentas?-le dijo ésta.
-Mi hacha acaba de caerse al río, y no puedo pagar otra nueva, estoy perdido...
El hada dijo que no se preocupara, se sumergió en el río y volvió a salir con un hacha de plata.
-¿Es ésta tu hacha?-le dijo.
El leñador pensó que si vendía ese hacha podría ganar el dinero suficiente para cuidar de su familia. Pero prefirió no mentir.
-No, ésa no es mi hacha.
El hada dejó el hacha de plata en la orilla y se sumergió de nuevo. Al rato salió con otro hacha.
-¿Es ésta tu hacha?
-No, no. Ese hacha es de oro, la mía es de acero y muy vieja.
El hada dejó el hacha de oro en la orilla y se sumergió otra vez. Esta vez emergió con el viejo hacha de acero en las manos.
-Sí, esa es mi hacha-dijo el leñador.
-Y las otras dos también, pues has sido honrado, te las mereces por bueno que eres.
Entonces el leñador contento volvió a casa con las 3 hachas. Vendió el hacha de oro y la de plata y eso le permitió a su mujer crear un puesto más grande y a sus hijos ir a la escuela. Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.
-Adaptación propia-
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